• Ir a navegación principal
  • Ir al contenido principal
  • Ir a la barra lateral primaria

Hermandad de la Caridad

  • Inicio
  • La Hermandad
    • Nuestro Templo
      • Capilla de Nuestros Titulares
    • Historia
      • Siglo XV – Refundación
      • 1939 – Actualidad
    • Estatutos
    • Junta de Gobierno
      • Hermanos Mayores Antiguos
      • Cuadro de Honor
    • Secretaría
      • Alta Nuevo Hermano
      • Actualización Datos Personales
      • LOPD
  • Titulares
    • Señor de la Caridad
    • María Santísima
  • Jueves Santo
    • Guión Procesional
    • Patrimonio
      • Ajuar de El Señor de la Caridad
      • Ajuar de María Santísima
    • Paso procesional
    • Papeletas de Sitio
      • RESERVA TURNO REPARTO PAPELETAS 2025
    • Normas Estación de Penitencia
    • Protocolo Cuerpo de Mantillas
    • Autorización Menores de Edad
  • Cultos
    • Cultos Externos
    • Cultos Internos
  • Tercio
  • Multimedia
    • Albúm
    • Publicaciones
    • Pregones de la Hermandad
  • Actualidad
    • Eventos
    • Noticias
    • Formación
      • Evangelio
  • Contacto
    • Enlaces de interes
      • Diócesis de Córdoba
      • Parroquia San Francisco y San Eulogio
      • Agrupación de Cofradías de Córdoba
      • Procesiones de Córdoba
Portada » Actualidad » MENSAJE DEL PAPA PARA CUARESMA

MENSAJE DEL PAPA PARA CUARESMA

7 marzo, 2019

«La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19)


Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018
Fiesta de san Francisco de Asís

Francisco

Barra lateral primaria

Próximos eventos

septiembre 2026
L M X J V S D
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930  
« Ago    

Categorías

  • Evangelio
  • Formación
  • Noticias
  • Varios

Copyright © 2026 · Hermandad de la Caridad

Compás de San Francisco 4, CP 14003 Córdoba

Tel. 957 47 67 05 / 618 509 982 (WhatsApp)

contacta@hermandaddelacaridad.org

Utilizamos cookies propias y de terceros con fines analíticos para medir y cuantificar la utilización de la web por los usuarios con el fin de mejorar la oferta de servicios que le ofrecemos. Clica AQUÍ para más información. Puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”, rechazar todas pulsando “Rechazar” o configurar su uso pulsando el botón Ajustes.
Acepto Rechazar
Política de Cookies

Privacy Overview

This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary
Siempre activado

Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.

Non-necessary

Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.

GUARDAR Y ACEPTAR
MENU
  • Inicio
  • La Hermandad
    • Nuestro Templo
      • Capilla de Nuestros Titulares
    • Historia
      • Siglo XV – Refundación
      • 1939 – Actualidad
    • Estatutos
    • Junta de Gobierno
      • Hermanos Mayores Antiguos
      • Cuadro de Honor
    • Secretaría
      • Alta Nuevo Hermano
      • Actualización Datos Personales
      • LOPD
  • Titulares
    • Señor de la Caridad
    • María Santísima
  • Jueves Santo
    • Guión Procesional
    • Patrimonio
      • Ajuar de El Señor de la Caridad
      • Ajuar de María Santísima
    • Paso procesional
    • Papeletas de Sitio
      • RESERVA TURNO REPARTO PAPELETAS 2025
    • Normas Estación de Penitencia
    • Protocolo Cuerpo de Mantillas
    • Autorización Menores de Edad
  • Cultos
    • Cultos Externos
    • Cultos Internos
  • Tercio
  • Multimedia
    • Albúm
    • Publicaciones
    • Pregones de la Hermandad
  • Actualidad
    • Eventos
    • Noticias
    • Formación
      • Evangelio
  • Contacto
    • Enlaces de interes
      • Diócesis de Córdoba
      • Parroquia San Francisco y San Eulogio
      • Agrupación de Cofradías de Córdoba
      • Procesiones de Córdoba